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La locución latina uerba uolant, scripta manent pone énfasis en la necesidad de fijar en el tiempo aquello que puede ser olvidado. La epigrafía latina nace, en buena parte, de este anhelo de permanecer, de vencer a la muerte dando voz a los que ya no están. Palabras grabadas en la piedra, erigidas contra el tiempo y el olvido, con la voluntad de ser eternas.
Perennia, el último trabajo de la profesora, traductora, ensayista y poeta Mònica Miró (Barcelona, 1969), parte también de esa voluntad y nos lo explicita desde el inicio con la elección del título, Perennia. Nominativo, vocativo y acusativo plural neutro del adjetivo latino perennis, perenne significa aquello que dura, que es eterno, inmortal. Con el deseo de otorgar voz a aquellos, hombres y mujeres, de diferente condición social, que hace 2.000 años se supieron, como nosotros, seres efímeros, precarios y quisieron desafiar la fragilidad de su existencia con sus palabras, nos presenta una selección de 50 poemas epigráficos funerarios latinos cuya manera de entender la muerte, y la vida, es capaz de conmovernos más allá del espacio y del tiempo.

Este poemario publicado en una cuidada edición bilingüe por Edicions Godall (en catalán en marzo de 2015 y recientemente en su edición castellana) presenta una traducción en prosa poética que se aleja de la erudición y preserva la transparencia y la sobriedad con la que los poemas fueron escritos. Alejándose del academicismo, la selección y traducción de Mònica Miró nos ofrece una muestra de la diversidad del género que responde a una clara voluntad de calidad literaria y de conseguida emoción poética. Con ecos de los grandes poetas clásicos Catulo, Horacio, Virgilio, esta compilación constituye un discurso cultural, estético y humano en el que están representados diferentes temas, tópicos, estilos y concepciones sobre la muerte.

La poesía recogida en este libro es funeraria, elegíaca, sin embargo, o quizá por ello, expresa profundas inquietudes humanas. “¿Por qué existimos? ¿Por qué hablamos? ¿Qué es, en definitiva, nuestra vida? Hasta hace poco ha vivido con nosotros un hombre, ahora ese hombre no existe. Se levanta una piedra y un nombre, nada más, ningún otro vestigio. ¿Qué es ya, por así decirlo, la vida? No tiene sentido que te esfuerces por saberlo”.

La conciencia del tempus fugit en algunos de los epitafios, interpelando al lector, nos acerca al nihilismo más aterrador, “Nada somos ni hemos sido nada los mortales. Mira lector, qué deprisa hemos vuelto a la nada de la nada. Sin embargo, esta misma consciencia de lo huidizo de los días, de la volubilidad de la fortuna nos insta, en otros, al carpe diem, a aprovechar el momento: ‘Vive feliz, tú que estás vivo. La vida es un regalo pequeño: surge de pronto; imperceptiblemente se fortalece; después, imperceptiblemente, se desvanece’”. Y a disfrutar a la manera epicúrea de los placeres que la vida nos ofrece: “Los baños, los vinos, Venus corrompen nuestros cuerpos, pero hacen que la vida sea vida los baños, los vinos, Venus”.

A menudo desde la primera persona, los poemas dibujan en versos de diferente extensión y a través de esquema métricos muy diversos, trazos de los que fueron personas reales que se nos hacen presentes, padres que se duelen de la muerte prematura de sus hijos, hombres que lloran a sus esposas, maestros, soldados, esclavos, músicos, poetas, hombres libres, mujeres abnegadas, que, como nos dice la autora en el prólogo, conforman “un retablo de muertos llenos de vida similares a todos nuestros muertos, a todos nuestros vivos”.

Indagar en el territorio de la intimidad de aquellos que antes que nosotros se vieron abocados a la intemperie nos permite, asimismo, adentrarnos en nuestra propia intimidad. Las palabras, una vez más, dan luz, consistencia y nos atan con lazos perdurables a la vida.

Viue dum uiuis, nec quidquam denegaueris/ animo indulgere, quem commodauit deus.  (“Vive mientras estes vivo, y no rehúses jamás prestar atención al instinto que un dios te otorgó”.)


*Mònica Vidiella es profesora de Literatura.

Publicado en Infolibre en septiembre de 2016

 

Este es el texto que el poeta José Antonio Jiménez Navarro leyó en la presentación de la traducción del libro de poemas “Y Dios en algún lugar” de Sònia Moll.

Gracias, José Antonio por prestárnoslos para que lo publiquemos aquí:

 

LOS POEMAS DE SÒNIA MOLL

La primera impresión que tenemos al leer los poemas de Sònia Moll es de limpieza. Ella misma ha utilizado en algún lugar una imagen que a mí me parece muy precisa: Los sentimientos y las emociones que maneja el poeta son la ropa sucia y los que nos ofrece el poema es ya la ropa lavada y tendida. Esta sensación de ropa tendida, de ropa tendida al sol, diría yo, la tenemos ante los textos de Sònia.

Otra característica muy próxima a ésta es el hecho de que su escritura fluye con una naturalidad sorprendente. Yo creo que todo buen poeta ejerce un dominio sobre la lengua y la fuerza para conducirla al terreno que le interesa, pero sólo algunos consiguen que ese esfuerzo no se note, que pase desapercibido al lector.

Decía María Zambrano hablando de la poesía de Clara Janés que su palabra emerge del silencio, pero sin romperlo; yo creo que la palabra de Sònia Moll tiene también esta peculiaridad porque sucede sin violencia, sin aparente esfuerzo.

El segundo asunto que quería comentar es el siguiente: en sus poemas o por debajo de sus poemas encontramos lo que podríamos llamar una voz…, y creo que esto es importante porque no todos los poetas tienen o transmiten una voz. Algunos alcanzan una peculiar manera de decir, un estilo, un mundo propio con sus imágenes y sus símbolos, que ya es mucho, pero no una voz, esa sustancia que aparece adherida a las palabras y que nos trae, desde el fondo, noticias del sujeto que habla, no de su peripecia vital sino de su textura humana. Dice Antonio Gamoneda que la poesía no es literatura, es verdad. Yo creo que esto se nota mucho en el caso de Sònia porque ella se implica profundamente e implica toda su biografía, la vida que lleva a sus espaldas, en lo que escribe. Y de ello, y de sus dotes literarias, naturalmente, se deriva que uno se sienta bien al lado de esa voz, porque es una voz que acoge, que acompaña, una voz que viene, por así decirlo, como debe venir toda poesía verdadera, de una hipotética fundación de lo humano.

Lo que no quiere decir, ni mucho menos, que nos cuente las cosas que queremos oír. De hecho, para mí, I Déu en algún lloc, Y Dios en algún lugar, además de un homenaje a la madre y de muchas otras cosas, es también un viaje de ida y vuelta a los infiernos. La enfermedad que describe el libro y que desconecta del mundo a la madre, no deja de ser un símbolo de la condición de nuestra vida y de nuestra desaparición. Y en el laberinto que también aparece en el libro, no solo están la madre y la hija, sino que estamos todos porque ese laberinto es nuestra existencia, y es inútil buscar una salida: sólo cabe seguir caminando y, despreocupadamente, mirar al cielo de vez en cuando.

Yo creo – y con esto acabo- que en última instancia, el libro de Sònia es un libro sobre la identidad y la fragilidad humanas, y sobre cómo la identidad se sustenta fundamentalmente en el amor, ya sea el amor materno-filial, el amor erótico o el amor a Dios, que son los tres tipos de amor que aparecen en el libro. Las preguntas que, en definitiva, nos formula este libro son, aproximadamente, como las que siguen: ¿Qué somos? ¿Memoria? ¿Emociones? ¿Deseo? ¿De qué estamos hechos? Nuestra sustancia última, ¿no es el amor? Si a través del amor el otro nos dice quienes somos, cuando los puntales de amor que sustentan nuestra vida se desmoronan, cómo podemos mantenernos en pie? ¿Es posible, para librarnos de esa presión de la realidad, un amor sin limitaciones terrestres, un amor en la eternidad?

Y la virtud de este libro, la virtud de Sònia Moll, es transformar toda esta gravedad, toda la angustia que nos transmiten estas preguntas, a través de su escritura serena, equilibrada, limpia, y a través de su voz, que es una voz de compañía, en placer estético y en una sensación de verdad y de encuentro que nos ayuda, aunque sea sólo un poco, a vivir la vida.

José Antonio Jiménez Navarro.

Barcelona, mayo de 2017.

TERRA, VI I POESIA, CONJUNCIÓ PERFECTA

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Unir patrimoni i poesia, unir la creativitat de l’artesà que modela la terra amb la creativitat del poeta que esculpeix les paraules: aquests van ser els orígens de la Trobada de poesia i terrissa que va néixer l’any passat. Enguany, a la II Trobada, s’hi ha afegit la creativitat de Jaume Roca, vinyater artesà de La Figuera (Priorat) que fabrica el seu vi com un poeta, seguint la intuïció i els senyals dels astres.

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Mentre el mestre terrisser tornejava, pujava i afaiçonava l’esveltesa dels cànters, els poetes van dir els seus versos i, amb la participació dels espectadors al micròfon obert,  les veus de Strand, d’Eurípides, Sorescu, Antonina Canyelles, Estellès i Martí i Pol van ressonar barrejades amb les creacions personals d’alguns dels assistents. I una copa de Matraketa Tranquil, el vi DO Montsant, fermentat en gerres de terrissa per conservar millor el gust primigeni de l’argila de la vinya, va donar pas al moment dels lligams i les converses.

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Tot això va passar dissabte 11 de juny al pati de l’obrador de Joan Cortiella, a La Galera (el Montsià). Els nombrosos espectadors asseguts entre cadups i altres peces de terrissa, al costat del forn centenari o sota una figuera generosa, van gaudir i participar de la conjunció perfecta de terra, vi i paraula d’aquesta trobada que tot just al seu segon any ja sembla tenir voluntat de continuar i de ser una cita important al calendari literari de les terres de l’Ebre i de més enllà o més ençà.

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Agraïm a l’Ajuntament de La Galera, al celler Ficaria i a tots els assistents la col·laboració, la complicitat i l’acollida.

Fotografies Roser Arques @RoserArques

Aquí podeu veure la 1a trobada de poesia i terrissa que es va fer.

Emilia-recitant-227x227Lo que nos enamoró de la poesía de Emilia Conejo, desde el primer momento, fue su feracidad, su libertad, su audacia y su libertad. Así, todo junto, en un mismo plano. Un todo inseparable de imágenes y ritmos frondosos que visten sentimientos y conceptos. Por eso decidimos publicar su Minuscularidades e iniciar con él la colección “Alcaduz” de poesía en lengua castellana.

El pasado martes 29 por la tarde, rodeados de amigos (gracias por venir, colegas de Difu, y también gracias, amigas y amigos fieles de Godall Edicions), tras las palabras de presentación, útiles y exactas, de Josep Bernaus, Emilia nos desveló una pequeña muestra de sus poemas. Los verdoso fueron desfilando poco a poco, acompañados de las notas prodigiosas de la guitarra de Rainer Seiferth,  y la librería Documenta se llenó de arena, de libélulas y de caracolas con alas de canela. Se  detuvieron las agujas de los relojes, crecieron palmeras entre las estanterías, un avión que se peinaba las alas cruzó volando el techo y nosotros cantamos la oración a la diosa Ahora, con los pies descalzos y nidos de golondrinas en la cabeza. De pronto, una bailarina con muletas atravesó entre las filas de sillas del público y cuando todavía nos preguntábamos si había salido de un poema de Brossa o de un cuadro de Magritte, asistimos, hipnotizados, a la frenética danza de la doncella y la muerte y nos compadecimos del pobre náufrago enamorado.  Entonces entendimos que Emilia, con este universo abigarrado, nos había revelado los miedos y las vivencias de la madurez, las obsesiones de la vida sin pausa y el vértigo y la necesidad de la escritura.

Cuando cayó el telón, la aplaudimos porque queríamos más, embriagados de palabras.

Y  con el vino de Centre Quim Soler brindamos con la alegría y la certeza de haber asistido a la epifanía de una gran poeta.

Nota final:

 Que en un tiempo no muy lejano yo fuera autora de materiales didácticos y Emilia mi editora (dura, rápida y precisa como un láser, y al mismo tiempo respetuosa y cálida como una taza de té) y que aquel día en la Documenta tuviéramos los papeles cambiados: yo editora (novata, aprendiz, nerviosa) y ella autora (nerviosa también, pero contundente y con aplomo) daba al acto un toque especial.

 Paradojas que la vida felizmente nos ofrece.

 

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FIN

Cae el telón cada mañana sobre la jungla.

Se esconden los leones en el desván y dejan paso a las caracolas con alas de canela.

Entre bambalinas el aroma a abrazo recién hecho, nariz con nariz y sol de leche.

La mano tibia del apuntador modela un corazón de manzana.

Recorre las sábanas un tren de mercancías con un único boleto para el mordisco de un piano de cola.

Exhaustos de vida, los personajes secundarios emprenden la escalada de ostinati sin depurar y extraen pepitas de cariño mientras inhalan diamantes entre la orquesta de milochas.

Cae el telón cada mañana sobre la selva. Saludan los escultores de minuscularidades.

(Minuscularidades. Página 47.Emilia Conejo. 2015)

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Emilia Conejo. Minuscularidades©Fotografia de Núria Garriga

De la poesia de l’Emilia Conejo ens va enamorar la feracitat, la llibertat, la gosadia i la veritat. Així, tot junt i tot en el mateix pla, no una cosa abans que l’altra. Un tot  indestriable d’imatges i ritmes frondosos que vesteixen sentiments i conceptes. Per això vam decidir publicar el seu  Minuscularidades i encetar amb ell la  col·lecció “Alcaduz” de poesia en castellà.

Dimarts a la tarda, enmig d’una colla d’amics (gràcies per venir, col·legues de Difu i també gràcies, amics i amigues fidels de Godall Edicions) i després de les paraules de presentació, útils i exactes, del Josep Bernaus, l’Emilia, ens va desvetllar una petita mostra dels seus poemes.

I poc a poc, els versos van anar desfilant, acompanyats de les notes prodigioses de la guitarra de Rainer Seiferth. La Documenta es va omplir de sorra, de libèl·lules i de cargolins amb ales de canyella. Les agulles dels rellotges es van aturar,  entre les prestatgeries dels llibres hi van créixer  palmeres, vam veure que al sostre volava un avió que es pentinava les ales i vam cantar l’oració a la deessa  Ara, amb els peus descalços  i nius d’orenetes al cap.  De sobte, una ballarina amb crosses va travessar entre les files de cadires del públic i quan encara ens preguntàvem si havia sortit d’un poema del Brossa o d’un quadre de Magritte, vam assistir hipnotitzats a la dansa frenètica de la donzella amb la mort i vam plànyer el pobre nàufrag enamorat. I aleshores vam entendre que l’Emilia amb aquest univers bigarrat i contundent, ens havia revelat les pors i les vivències de la maduresa, les obsessions de la vida sense pausa, els retrats de molts éssers quotidians, i també el vertigen i la necessitat de l’escriptura.

Quan va baixar el teló, la vam aplaudir perquè en volíem més, embriacs de paraules.

I amb el vi del Centre Quim Soler vam brindar amb l’alegria i la certesa d’haver assistir a l’epifania d’una gran poeta.

Nota final:
Que en un temps no gaire llunyà jo fos autora de materials didàctics i l’Emilia editora (dura, ràpida i precisa com un làser i al mateix temps respectuosa, i càlida com una tassa de te) i que dimarts ens trobéssim en papers invertits: jo editora (primerenca, aprenent, nerviosa) i ella autora (nerviosa també, però contundent i amb aplom) donava a l’acte un toc especial.

Paradoxes que la vida feliçment ens ofereix.